jueves, 28 de agosto de 2008

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¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscrbía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo del dentrífico. (Julio Cortázar, Rayuela)

Sueños


Soñemos tan sólo un instante. Tú eras el vástago que le hacía falta a mi vida, Yo la última pieza incalculable de tu colección de amor. Soñemos a que éramos el uno para el otro, en la perfecta medida. Soñemos que crecemos y renacemos en cada mirada, y que vivo de tu dulce piel, mientras te pierdes en mi mirada, y vives tu esplendor en mi regazo. En ese momento cierro los ojos, te tomo la mano y callo.

Memoria


Porque lloré y lloré, y ella nunca estuvo a mi lado. Porque cada vez que de su boca salía una palabra, era un golpe bajo y sucio. Un soplo inmesurable , gélido, inconmovible, era como si le hubieran extirpado el alma. Y recuerdo, si, vaya como la recuerdo. Supongo que fue una mala idea esto de llamarla. La soledad carcomió todo bien, hoy solo queda culparse, o retorcerse por la ira de su infierno interno. Hoy perdí la vitalidad al perderla, su impulso a la muerte me hace cambiar las culpas. Ella se consume por sus pecados, mas yo me acabo poco a poco...